
A medida que las plataformas de streaming, los algoritmos de redes sociales y la distribución global remodelan cómo la música llega a las audiencias, los artistas enfrentan una creciente presión para elegir entre la integridad artística y el atractivo del mercado. Los artistas independientes ahora compiten directamente con las grandes discográficas, mientras que los actos establecidos navegan por la promoción algorítmica. Esta tensión entre autenticidad y rentabilidad está remodelando cómo se hace la música en todo el mundo.