
Las recientes muertes en deportes extremos han expuesto regulaciones de seguridad inconsistentes a nivel global; algunas actividades como el paracaidismo tienen prácticas internas sólidas, mientras que otras carecen de supervisión. Los corredores compiten en condiciones mortales como maratones a –40°C, y los saltadores BASE operan bajo reglas nacionales variadas. Esto plantea preguntas sobre si el mundo necesita estándares de seguridad unificados para actividades extremas.