
Los profesionales de la salud mental debaten cada vez más si las categorías diagnósticas tradicionales reflejan con precisión cómo las personas experimentan el malestar psicológico, o si un enfoque basado en los síntomas personalizaría mejor el tratamiento. Este cambio refleja un reconocimiento creciente de que la salud mental existe en espectros en lugar de en cajas fijas, desafiando décadas de marcos diagnósticos utilizados a nivel mundial.