
Las universidades de todo el mundo enfrentan una creciente presión sobre el gasto en diversidad, equidad e inclusión en medio de debates sobre las prioridades institucionales y la asignación de recursos. Algunos argumentan que la DEI es esencial para una educación inclusiva; otros sostienen que los fondos deberían centrarse en la calidad de la enseñanza y los resultados de los estudiantes. Esta tensión refleja preguntas más amplias sobre qué deberían optimizar las universidades.