
El turismo de aventura está evolucionando más allá de las actividades tradicionales hacia experiencias de alto riesgo como ultramaratones a través de montañas, buceo en cuevas profundas y expediciones a gran altitud. A medida que la participación crece a nivel mundial, el debate se intensifica sobre si las plataformas y los operadores deberían imponer límites de seguridad o confiar en que los participantes evalúen su propia tolerancia al riesgo.