
Los líderes mundiales adoptaron recientemente declaraciones históricas que reconocen la salud mental junto a las enfermedades no transmisibles como prioridades de salud global. Mientras tanto, la demanda de servicios de salud mental está aumentando en varios países, lo que plantea preguntas sobre cómo los gobiernos deben asignar recursos limitados de atención médica y si la salud mental merece paridad con el tratamiento médico tradicional en políticas y financiación.