
Los creadores y las audiencias siempre han debatido quién debería guiar en última instancia el trabajo artístico. ¿Deberían los cineastas y escritores perseguir su propia visión creativa incluso si las audiencias la rechazan, o debería el entretenimiento estar moldeado por lo que los espectadores realmente quieren ver? Esta tensión define la relación entre el arte y el comercio.