
Las empresas de robótica están desarrollando sistemas de IA que permiten a las máquinas moverse y adaptarse como los humanos, lo que plantea preguntas sobre el desplazamiento laboral y la seguridad. A medida que estas tecnologías se vuelven más capaces, las sociedades deben decidir qué nivel de regulación—si es que hay alguno—es apropiado para la automatización similar a la humana.