
Los documentales y series de crímenes reales se han vuelto cada vez más populares en todo el mundo, con las principales plataformas de streaming invirtiendo fuertemente en el género. Los expertos en salud mental debaten si las representaciones detalladas de crímenes violentos podrían dañar a los espectadores vulnerables, mientras que otros argumentan que las audiencias pueden autorregular su consumo.