
El minimalismo se ha convertido en un movimiento cultural global, desde la arquitectura y la moda hasta la decoración del hogar y la tecnología. Sin embargo, los críticos argumentan que curar una vida minimalista—mediante muebles de diseño, renovaciones costosas o productos premium—requiere recursos financieros significativos que la mayoría de las personas no tiene. Esto plantea preguntas sobre si el minimalismo es realmente accesible para todos o sigue siendo un ideal aspiracional comercializado principalmente a audiencias adineradas.