
Las organizaciones de salud clasifican cada vez más los alimentos ultra-procesados como amenazas para la salud pública, vinculándolos con la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardíacas a nivel mundial. Algunos países están explorando impuestos, etiquetado y restricciones de marketing similares a las políticas del tabaco, lo que genera un debate sobre la responsabilidad del gobierno frente a la libertad individual.