
Los humanos siempre han debatido el propósito de cultivar el cuerpo. Algunos ven la disciplina física rigurosa como una virtud y un dominio sobre uno mismo; otros cuestionan si los objetivos centrados en la apariencia reflejan una inseguridad más profunda o narcisismo. ¿Dónde está la línea entre la mejora personal significativa y la fijación poco saludable?