
Desde la carretera respaldada por China en Laos, que genera preocupaciones sobre la deuda, el desplazamiento y los derechos laborales, hasta Grecia encontrando drones navales misteriosos, las potencias globales priorizan cada vez más los intereses estratégicos sobre el escrutinio de los derechos humanos. Los líderes, desde Trump negociando altos el fuego hasta Singapur posicionándose como un centro de inversión estable, muestran cómo la economía a menudo supera las conversaciones sobre derechos. La pregunta es si este cambio fortalece o debilita los estándares globales.