
Los grandes eventos deportivos enfrentan cada vez más críticas por los costos ambientales, desde el estrés por calor en lugares extremos hasta las huellas de carbono del viaje global. A medida que las competiciones se expanden geográficamente, las sociedades están debatiendo si el prestigio de ser anfitrión debería superar las preocupaciones ecológicas, o si la infraestructura deportiva debería cambiar hacia prácticas sostenibles.