
Una enfermedad grave puede cambiar fundamentalmente la personalidad, energía y capacidad de una persona para participar en una relación. Muchas parejas enfrentan esto cuando uno de los cónyuges es diagnosticado con una condición a largo plazo que altera la vida diaria. Las personas tienen opiniones fuertes, a menudo conflictivas, sobre si el amor y el deber deberían prevalecer sobre la realización personal cuando la dinámica cambia drásticamente.