
Los recientes ciberataques a las cadenas de suministro marítimas, energéticas y de software han expuesto vulnerabilidades que afectan a millones a nivel mundial. A medida que las brechas se vuelven más sofisticadas y frecuentes, el debate se intensifica sobre si la responsabilidad recae en las empresas que no se defienden, en los gobiernos que no hacen cumplir los estándares, en los proveedores que envían productos inseguros, o únicamente en los atacantes criminales.