
Los bancos centrales de todo el mundo enfrentan presión ya que la inflación sigue siendo una preocupación persistente para los hogares y las empresas. Los responsables de políticas deben decidir si endurecer agresivamente la política monetaria, arriesgando un crecimiento más lento, o mantener condiciones más flexibles para apoyar el empleo y la expansión. Esta tensión entre la estabilidad de precios y la vitalidad económica afecta a todos a través de salarios, empleos y costos de vida.