
Los psicodélicos como la psilocibina y la ibogaína están entrando en la investigación médica convencional para tratar la depresión, el PTSD y el dolor crónico, condiciones que afectan a millones en todo el mundo. Los gobiernos y las compañías farmacéuticas enfrentan una creciente presión para financiar esta investigación, mientras que otros argumentan que los recursos deberían centrarse en tratamientos probados. Este debate dará forma a la política de salud mental en todo el mundo durante los próximos años.