
El minimalismo ha evolucionado de ser una elección de estilo de vida a un movimiento global que aborda el sobreconsumo. El debate ahora se centra en si el objetivo principal del minimalismo debería ser reducir el daño ambiental o mejorar la salud mental y la satisfacción con la vida. Esta tensión moldea cómo las personas, las marcas y los responsables de políticas abordan la sostenibilidad.