
Los países de todo el mundo están debatiendo si expandir los programas de trabajadores extranjeros para llenar las brechas de habilidades y fomentar el crecimiento, o restringirlos para priorizar el empleo nacional. Las preocupaciones sobre el fraude y los impactos en el mercado laboral están reformulando la forma en que los gobiernos diseñan la política de inmigración, lo que genera una tensión recurrente en las economías desarrolladas y en desarrollo.