
Más del 90% de los programas atléticos universitarios de la División I operan con pérdidas financieras, lo que plantea preguntas sobre la sostenibilidad. Mientras tanto, los atletas corren el riesgo de sufrir lesiones graves y adicción al juego en busca de oportunidades profesionales. ¿Cómo deberían las instituciones equilibrar la ambición atlética con la responsabilidad fiscal?