
La propagación de la desinformación ha generado preocupaciones a nivel mundial, impactando la opinión pública y los procesos democráticos. A medida que los países luchan por abordar este problema, se debate la efectividad y la ética de leyes más estrictas. Esto es particularmente relevante en el contexto de elecciones, crisis de salud y conflictos internacionales.