
A medida que aumentan las tensiones geopolíticas y las grandes potencias se vuelven menos predecibles, los países de todo el mundo enfrentan una elección estratégica: profundizar los lazos con las naciones vecinas o mantener la dependencia de superpotencias distantes para la seguridad y los beneficios económicos. Esta tensión entre la interdependencia regional y la alineación global está reconfigurando las prioridades diplomáticas en todos los continentes.