
A medida que los desafíos globales como el cambio climático y las desigualdades sociales crecen, el papel de las startups éticas se vuelve cada vez más significativo. Los inversores enfrentan la presión de considerar el impacto de sus decisiones de financiamiento en la sociedad y el medio ambiente, lo que genera un debate sobre si las ganancias deberían tener prioridad sobre la ética en el capital de riesgo.