
Los países de todo el mundo enfrentan la presión de prevenir extinciones mientras persiguen el crecimiento económico. Los recientes éxitos en conservación—como el compromiso de Australia de no permitir nuevas extinciones y los esfuerzos por proteger los ecosistemas de aguas profundas—destacan la tensión entre la protección ambiental y las necesidades de desarrollo. Este dilema afecta la asignación de recursos y las decisiones políticas a nivel global.