
Antes de las constantes notificaciones y las redes sociales, las personas pasaban más tiempo cara a cara, jugaban afuera hasta que oscurecía y recordaban los números de teléfono de memoria. El cambio a la conexión digital alteró la forma en que los humanos interactúan, forman recuerdos y experimentan el aburrimiento. Muchos ahora se preguntan qué ganamos y qué perdimos en silencio en esa transición.