
Las ciudades de todo el mundo enfrentan la tensión entre proteger el patrimonio arquitectónico y permitir el crecimiento urbano. Desde estructuras icónicas frente a la playa hasta iglesias centenarias que reciben subvenciones, las comunidades deben decidir cuánto restringir el desarrollo para la preservación histórica frente a acomodar la expansión de vivienda y económica.